El simbolismo de una constitución

muro embajada Tunez

Túnez aprueba su nueva Constitución con un amplio consenso político y social, convirtiéndose en el primer país árabe que culmina con éxito su revolución democrática. Hace poco más de tres años caía el dictador tunecino Ben Alí, lo que supuso el inicio de los procesos revolucionarios que vivieron y viven aún algunos países árabes de la cuenca mediterránea y África.

Hace poco más de tres años caía el dictador tunecino Ben Alí, lo que supuso el inicio de los procesos revolucionarios que vivieron y viven aún algunos países árabes de la cuenca mediterránea y África. Mientras que en Egipto la revolución ha acabado en golpe de estado y en Siria se vive un enfrentamiento civil que causado miles de muertes y de personas refugiadas; Túnez ha conseguido acordar por amplia mayoría una Constitución que, sin ser exactamente laica, trata de compatibilizar derechos de ciudadanía con el respeto al islamismo mayoritario de la sociedad tunecina.

No ha sido fácil. Las elecciones del 23 de octubre de 2011 sirvieron para configurar una Asamblea Constituyente que tenía la ardua tarea de elegir al Jefe del Estado, al Gobierno y redactar una nueva Constitución. Finalmente la Asamblea Nacional Constituyente ha dado el visto bueno a los 146 artículos de la nueva Carta Magna.

En primer lugar hay que destacar el amplio consenso con el que ha sido aprobada. Las elecciones dieron la mayoría relativa al partido islamista Ennahda, frente a los partidos más laicos y de izquierdas, por lo que el horizonte no era muy halagüeño para alcanzar un posible acuerdo. La situación empeoró cuando en febrero de 2013 fue asesinado Chokri Belaid, miembro del Frente Popular y en el mes de julio de este mismo año, cuando el asesinado fue Mohamed Brahmi, miembro del mismo partido. El Frente de Salvación Nacional, que aglutina a la mayor parte de la oposición, pidió de inmediato la dimisión del Gobierno y la disolución de la Asamblea Constituyente. Finalmente pudo salvarse la situación gracias a una acuerdo promovido entre otros por la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), que planteaba entre otras cuestiones terminar la redacción de la Constitución y la dimisión del Gobierno y su sustitución por uno nuevo compuesto de técnicos encargados de la preparación del un nuevo calendario electoral. Finalmente, la Constitución fue aprobada el pasado mes de enero.

La participación de la sociedad civil y del movimiento sindical en el proceso constituyente ha sido determinante.

Buena parte del éxito de la revolución tunecina se debe a la sociedad civil ya existente o que se configura al calor del proceso revolucionario. Cientos de organizaciones sociales, de jóvenes y de mujeres, de colectivos profesionales como la abogacía o la judicatura y, también, el movimiento sindical; han sido los principales activos antes del inicio de las revueltas, durante la transición abierta con la Asamblea Constituyente y en los peores momentos que se han vivido cuando los terroristas intentaron dar al traste con el proceso. Todos estos colectivos, aunque con diversos matices, apoyan el texto consensuado.

Todos los colectivos coinciden en destacar el que se aborda la cuestión religiosa de una manera equilibrada al proteger el carácter islámico del Estado pero sin que la ley islámica sea fuente del sistema jurídico; proclamando el carácter civil del Estado y la protección de la libertad de creencia, conciencia y culto.

El segundo elemento destacable es el de la igualdad entre mujeres y hombres. El nuevo texto constitucional garantiza la igualdad en el ámbito jurídico, educativo y laboral. También asegura la discriminación positiva de cara a la presencia de mujeres en las asambleas electas en la meta de conseguir la paridad en las mismas. También el texto constitucional establece la obligación del Estado de luchar contra la violencia de género. Sin embargo, algunas asociaciones feministas y de mujeres no están del todo satisfechas, ya que la vaga redacción de los artículos referidos al derecho a la vida y su posible laxa interpretación puede limitar la condiciones de la actual ley del aborto.

El movimiento sindical, cuyo máximo exponente aunque no único es la UGTT, también está bastante satisfecho con la nueva Constitución. Aunque lamentablemente la pena de muerte no ha sido abolida, la Constitución se basa en los derechos humanos ampliamente reconocidos y, entro otros, consagra la liberta de asociación y huelga, la libertad de expresión y el libre acceso a la información.

A diferencia de otros países árabes, la sociedad tunecina encara los próximos meses con la firme convicción de que el proceso revolucionario emprendido hace tres años puede acabar con una sociedad plenamente democrática, vertebrada con una Constitución que ha recibido un amplio apoyo político y social.Manuel Higueras, Fundación Madrid Paz y Solidaridad